Como dice Nelson Mandela “Debemos hacer fracasar los intentos por dividir a nuestro pueblo en bandos étnicos, por convertir su rica variedad en un peligro con el que perforar nuestros corazones” Es decir, no debemos permitir que las costumbres nos dividan por grupos que causen discriminación y diferencias tan marcadas socialmente. Cuando acabemos con el racismo habremos culminado el concepto de raza.
Un claro ejemplo de la discriminación es la situación que afronta Haití, debido a las políticas migratorias que tiene República Dominicana, profundizando el proceso de desnacionalización y de repatriación al que se han visto enfrentados cientos de miles de haitianos, esto muestra la gravedad del asunto.
En el resto del mundo el panorama no es que sea muy diferente, los afrodescendientes, que tan solo en América Latina, junto con los pueblos indígenas representan más de un tercio de la población, aún no han sido reconocidos de modo suficiente y, por lo tanto, no participan de manera efectiva en las decisiones que los afectan.
Los sistemas de gobiernos normalmente discriminan con las leyes que crean, les viola el derecho a la igualdad de trato y de oportunidades, esto se refleja en la pobreza que estas personas frecuentemente viven y es muy notoria la brecha económica, social y cultural. Por ejemplo en Estados Unidos uno de cada tres afroamericanos va a la cárcel , ver más aquí.